Nota de autor:
Acto 1
Mew es una extraña criatura que habita en las profundidades de la selva amazónica. Posee extraordinarios poderes psíquicos: puede devolver la vista a pequeños animales ciegos, revivir flores marchitas e incluso sanar heridas de gravedad.
Un día, Mew fue capturado por humanos. Lo anestesiaron y lo trasladaron hasta Japón, donde desde entonces permanece dormido en un misterioso laboratorio.
A pesar de todo, Mew conserva una naturaleza juguetona, curiosa e increíblemente inteligente. Su dulzura y su encanto terminaron cautivando incluso a los investigadores encargados de mantenerlo cautivo.
Sin embargo, los científicos tenían otros planes.
Extrajeron su ADN para dar vida a una criatura artificial, infinitamente más inteligente... y mucho más despiadada.
La llamaron Mewtwo.
Todavía no ha nacido. Descansa suspendido dentro de un enorme recipiente de cristal, rodeado de cables y un extraño líquido que alimenta su desarrollo.
A diferencia de Mew...
Mewtwo posee una apariencia elegante y refinada. Su piel es pálida, casi inmaculada, y transmite una inquietante sensación de perfección.
Lo que los investigadores jamás imaginaron es que Mewtwo desarrolló enormes poderes psíquicos incluso antes de nacer.
Desde el interior de su cápsula lee en secreto la mente de todos los científicos que trabajan a su alrededor. Gracias a ello ha aprendido sobre el universo, la física cuántica, las leyes fundamentales de la realidad y los secretos que la humanidad apenas comienza a comprender.
Sin embargo, entre todos esos conocimientos, hubo algo que despertó mucho más su interés.
Mew.
A través de un misterioso vínculo mental, Mewtwo experimenta cada emoción que siente Mew: la alegría de contemplar una flor, la fascinación de observar un insecto volar, la inmensa gratitud que siente por la vida y la naturaleza.
Aquella sensibilidad, tan ajena a toda lógica, terminó por conmoverlo.
Ese fue el verdadero motivo por el que Mewtwo decidió nacer.
Quería conocer la vida.
De no haber sido por Mew, jamás habría abandonado su cápsula, y el experimento habría sido considerado un fracaso.
En ocasiones, Mewtwo se comunica telepáticamente con Mew para hablarle del universo, del tiempo, de las dimensiones y de los misterios de la existencia:
—"Somos tan insignificantes en el universo que nuestra existencia apenas roza la inexistencia. Desde la Antigüedad hasta la ciencia moderna, la humanidad ha sospechado que su realidad es solo una frontera. El mito de la caverna. La vida es un sueño. El universo holográfico. Las simulaciones. La matriz...Cuanto más lejos observamos las galaxias y los límites del universo visible, más inevitable se vuelve una pregunta.
¿Y si nuestro universo no fuera el nivel definitivo de la realidad? ¿Y si solo fuera una construcción creada por una inteligencia infinitamente más avanzada que nosotros? Una civilización lo bastante desarrollada podría crear un universo completo a una escala diminuta: establecer sus propias leyes físicas, encender estrellas, formar planetas... e incluso dar origen a seres conscientes incapaces de imaginar quién los creó."
Y Mew lo escucha con una profunda admiración.
Siempre creyó que, con la extraordinaria racionalidad de Mewtwo, habría podido comprender el universo de una forma maravillosa.
Pero ese no es su mundo.
Mew no fue creado para entenderlo.
Lo único que sabe es que esos puntos de lógica... son la única pieza que le falta para alcanzar un verdadero despertar.
No fue destinado para ello.
La naturaleza lo mantendrá siempre encarcelado dentro de su perfecta armonía.
Prisionero de los sentimientos de todo aquello que lo rodea.
Incapaz de dejar de conmoverse ante la belleza del mundo.
Acto 2
Una noche, la cápsula estalló.
El cristal se hizo añicos y el líquido que había alimentado a Mewtwo durante toda su existencia se derramó por el laboratorio. Las alarmas comenzaron a sonar, pero ya era demasiado tarde.
Mewtwo caminó tranquilamente hasta la jaula donde dormía Mew.
Con un simple gesto de su mano, los cerrojos cedieron como si nunca hubieran existido.
Mew despertó lentamente y contempló, por primera vez, a la criatura nacida de su propio ADN.
Mewtwo lo observó con serenidad, y Mew permanecía en silencio.
Mewtwo levantó la vista hacia el techo del laboratorio, como si pudiera contemplar el firmamento a través del hormigón.
—No mires a las estrellas, Mew. No encontrarás respuestas allí. Solo existen realidades construidas sobre otras realidades. Universos contenidos dentro de universos. Capas infinitas. Una encima de otra… Y otra… Y otra.
Mewtwo volvió a mirarlo.
Por primera vez, en su expresión perfecta apareció una emoción difícil de describir.
—Yo no nací para dominar el mundo. Ni para destruir a la humanidad. Nací con un único propósito. Comprender qué significa estar vivo.
Mewtwo se teletransportó a un lugar desconocido y desapareció en un abrir y cerrar de ojos.
Mew aún podía sentir su presencia a kilómetros de distancia.
Sin dudarlo, salió en su búsqueda.
Acto 3
Mewtwo permanecía inmóvil frente a un hospital psiquiátrico.
—He venido en busca de humanos con la mente alterada. Personas que escuchan voces, ven lo que nadie más ve y creen en realidades invisibles para el resto.
Puedo contemplar todo lo que sienten y todo lo que piensan. Conozco el interior de estos seres frágiles que viven al borde de la locura y del sufrimiento como si hubiera nacido dentro de ellos.
Y, sin embargo…
no siento la más mínima empatía.
Mi verdadera misión al venir aquí es encontrar a los Despertares.
A simple vista, son tan inestables, caóticos y vulnerables como cualquier otro ser humano. Pero en su interior existe algo diferente. Algo que hace temblar cada parte de mi cuerpo.
No se trata únicamente de que algunos de estos humanos tengan una sensibilidad abierta a nuevas experiencias y emociones.
Es que, a veces, al abrir tanto la mente hacia las profundidades del dolor y la locura… nace una luz.
Una luz mística.
Una luz capaz de abrir la puerta a experiencias que desafían toda explicación.
Algunos de ellos intentan describirla como una unión absoluta con el universo. Otros hablan de una conexión con la conciencia de toda la vida. Casi todos coinciden en lo mismo: fue más real que cualquier otra cosa que hubieran vivido.
Mewtwo tomó una pausa para cerró los ojos, por lo que siguió:
—Esa luz… nacida en el corazón de la oscuridad…
Es lo que he venido a buscar.
Porque yo no necesito poder.
No necesito conocimiento.
Necesito hablar con la divinidad.
Necesito…
Hablar con Dios.
Mewtwo volvió a abrir los ojos inexpresivos y llenos de odio:
—Los que no hayan despertado esa luz interior son irrelevantes para mí.
Los destruiré. Así que comience la locura.
Acto 4
Horas después, Mew llegó hasta el hospital psiquiátrico.
Lo primero que percibió fue el silencio.
Después, el olor a sangre.
Las paredes estaban cubiertas de manchas oscuras. El suelo era un mar carmesí. Había cuerpos destrozados por todas partes, como si una fuerza imposible hubiera desgarrado a cada una de sus víctimas.
Mew quedó paralizado.
Sus pupilas temblaban.
Su respiración se quebró.
Y entonces...
Rompió a llorar.
Un grito desgarrador escapó de lo más profundo de su alma.
Fue tan intenso que una inmensa onda psíquica recorrió todo el edificio.
Allí donde la sangre había sido derramada, comenzaron a brotar flores.
Las manchas rojas se transformaron en pétalos escarlata.
Las heridas desaparecieron bajo jardines de amapolas y lirios carmesí.
En apenas unos segundos, el escenario de la masacre quedó cubierto por un inmenso manto de flores rojas.
Mew, con lágrimas aún resbalando por su rostro, siguió caminando entre aquel silencioso jardín nacido del horror.
Hasta que lo encontró.
Al fondo de un pasillo.
Mewtwo.
Permanecía suspendido en el aire, inmóvil.
Frente a él, un hombre flotaba varios metros sobre el suelo. Su cuerpo se retorcía de dolor mientras una fuerza invisible deformaba lentamente sus extremidades.
Mew corrió instintivamente para detenerlo.
Pero Mewtwo habló antes.
—Mew...
Su voz era serena.
Casi compasiva.
—Mira a este hombre. Está enfermo. Su mente se desmorona.
Pero también atraviesa un Despertar. Sé que tú no puedes verlo. Sin embargo, en lo más profundo de su existencia... arde una luz sagrada.
Mewtwo extendió lentamente una mano hacia él.
—Ven. Quiero mostrártela.
Usaré mis poderes psíquicos para que ambos podamos entrar en el interior de su conciencia.
Solo allí comprenderás por qué he venido a este lugar.
El hospital comenzó a desvanecerse.
Las paredes, el suelo, el techo... todo se transformó lentamente en humo.
La materia dejó de existir.
Los pasillos se disolvieron en una inmensa niebla de colores que parecía respirar.
Poco a poco, aquella niebla también se deshizo, revelando una nueva escena.
Era una habitación.
En el centro, el mismo hombre permanecía sentado frente a una mesa.
Tenía las manos apoyadas sobre la frente.
Decenas de dibujos cubrían el escritorio y se amontonaban por el suelo.
Sin levantar la mirada, comenzó a hablar.
—Me dibujo en cada hoja de papel...
Como si cada dibujo fuera un espejo diferente.
Cada uno refleja una parte de mi personalidad.
Una parte de quien soy.
Hoja tras hoja...
El lápiz parece moverse solo.
Y con cada trazo siento que algo abandona mi interior.
Es como si cada dibujo me libera de una parte de mi identidad .
Hasta que ya no queda ninguna.
Entonces...
Dejo de reconocerme.
Pierdo la razón.
Una energía cosmica atraviesa mi cuerpo.
Habla con mi voz.
Mueve mis labios.
Pronuncia palabras que jamás aprendí.
Habla de la eternidad.
Del amor.
Del origen de todas las cosas.
Siento que Dios intenta despertar dentro de mí.
Quiere destruir mi ego.
Reducir mi existencia a cero.
Para convertirme en Uno con el universo.
Al principio tengo miedo.
Pero el miedo...
es un límite.
Y el Todo no conoce límites.
Entonces esa presencia comienza a crecer.
Cada vez es más intensa.
Más inmensa.
Más absoluta.
Llega un momento en que dejo de temer a la muerte.
Y, por primera vez...
Me siento completamente libre.
Tan libre...
que deseo más.
Más de esa presencia.
Más de esa inmensidad.
Más...
Y más.
Hasta que el miedo desaparece por completo.
Pero el precio fue insoportable.
Para alcanzar esa libertad tuve que dejar de sentir apego por quienes amaba.
La idea de perderlos dejó de causarme dolor.
Verlos desaparecer para siempre...
ya no significaba nada.
Del mismo modo que tampoco me importaría que el mundo atravesara mi cuerpo con fuego, acero o balas.
El dolor pierde su significado.
Solo...
me haría reír.
Porque me he convertido...
en algo monstruosamente libre.
En un instante, la visión se desvaneció.
Los colores desaparecieron y el hospital volvió a materializarse a su alrededor.
Mew y Mewtwo regresaron a la realidad.
El hombre seguía suspendido en el aire, inmovilizado por los poderes psíquicos de Mewtwo.
Acto 5
Durante unos segundos, nadie pronunció una sola palabra.
El hombre abrió lentamente los ojos.
Miró fijamente a Mewtwo.
No había miedo.
No había rabia.
Ni siquiera tristeza.
Su rostro permanecía completamente inexpresivo.
Entonces, muy despacio...
Inclinó la cabeza hacia un lado.
Como si estuviera observando algo profundamente absurdo.
Y sonrió.
Una sonrisa apenas perceptible.
Después...
Comenzó a reír.
Primero fue una risa suave.
Luego otra más intensa.
Y otra.
Hasta convertirse en una carcajada incontrolable que resonó por todo el edificio.
Reía sin detenerse.
Reía como si acabara de comprender el mayor secreto del universo.
Como si Mewtwo fuera un niño intentando atrapar el infinito con las manos.
Aquella risa...
Era algo tan absurdo y patético para Mewtwo.
Que sintió frustración.
Su mirada se endureció.
Sin pronunciar una palabra, cerró lentamente la mano.
El cuerpo del hombre se comprimió de forma imposible.
Los huesos crujieron.
La carne se plegó sobre sí misma.
Y, un instante después...
Estalló en miles de fragmentos.
La sangre cayó sobre las flores que Mew había hecho brotar minutos antes.
Mew permaneció inmóvil.
Con lágrimas en los ojos.
Mientras el eco de aquella risa...
Parecía seguir resonando entre los pasillos del hospital, incluso después de que el hombre hubiera dejado de existir.
Mewtwo dejó escapar un largo suspiro.
Sin apartar la vista del lugar donde el hombre había muerto, habló con serenidad.
—La mente funciona como un ordenador.
Y, en ocasiones, cuando ciertos mecanismos del cerebro dejan de funcionar como deberían, aparece un error. Un fallo en el sistema. Un glitch. Ese error altera la percepción de la realidad. Algunas personas comienzan entonces a experimentar una profunda sensación de unidad con el universo. O creen sentir a Dios habitando en su interior. La ciencia lo llama trastorno. Ellos lo llaman despertar.
En ese momento...
Una pequeña figura apareció al final del pasillo.
Era una niña.
Asomaba únicamente la cabeza desde la puerta de una habitación.
Permanecía completamente inmóvil.
Tan rígida como el tronco de un árbol.
Su piel era tan pálida como la nieve.
Su rostro no expresaba absolutamente nada.
Mew sintió un escalofrío.
A simple vista parecía vacía.
Y, sin embargo...
Un océano de emociones reposaba en su interior.
Como si bajo aquella inmovilidad habitara un universo entero.
Mewtwo la observo en silencio.
A diferencia de Mew, él veía algo más.
Una luz.
Una presencia luminosa que envolvía lentamente a la niña.
Era otro Despertar.
Mewtwo habló directamente a su mente.
—¿Te llamas María?
La niña respondió sin mover los labios.
Su voz resonó únicamente en la conciencia de ambos.
—Ya no necesito llamarme María.
—¿Por qué?
La niña sonrió apenas un instante.
—Porque ahora sé quién soy.
¿Para qué volver a encerrar mi existencia dentro de un nombre y un apellido?
¿Para identificarme otra vez con alguien que creía estar separado del Todo?
Qué idea tan extraña.
La presencia que algunos llaman Dios fluye libremente en mi interior.
Mi antiguo nombre ya no puede contener aquello que soy.
Guardó silencio.
Después añadió, con una calma absoluta:
—Prefiero morir antes que volver a tomar esas pastillas.
No temo a la muerte. No temo a los monstruos.
La niña sostuvo la mirada de Mewtwo sin el menor atisbo de miedo.
—Así que dime, monstruo...
Si para ti la muerte no significa nada…
¿Por qué no me arrebatas la vida a mí también?
¿Qué ganarías con ello?
Hubo un breve silencio.
Entonces continuó.
—La empatía y el amor son el vínculo que une a todos los seres vivos con la conciencia universal de la vida. Si destruyes aquello que no comprendes… ¿En qué te diferencias de los humanos que tanto desprecias?
Sus ojos permanecían serenos y siguió hablando.
—Solo eres una sombra irrelevante para la vida.
Aquellas palabras atravesaron a Mewtwo como una lanza.
Por primera vez, su expresión perfecta se quebró.
Una inmensa presión psíquica sacudió el hospital.
Las paredes comenzaron a agrietarse.
Las luces parpadearon.
El aire vibró con una fuerza insoportable.
En ese mismo microinstante...
Mew se teletransportó frente a la niña.
Abrió los brazos para cubrirla con su propio cuerpo.
No dijo una sola palabra.
Solo la protegió.
Mewtwo levantó lentamente la mano...
Pero se detuvo.
Cerró los ojos.
Respiró una sola vez.
La presión psíquica desapareció.
Tras unos segundos, Mewtwo habló.
—¿Por qué los humanos más frágiles y miserables son capaces de despertar esa luz?
Permaneció inmóvil.
Como si la pregunta fuera dirigida al propio universo.
—Han nacido débiles.
Viven con miedo.
Enferman.
Envejecen.
Mueren.
Y, aun así...
Algunos consiguen alcanzar algo que permanece fuera de mi alcance.
Apretó el puño.
—Es tan... Frustrante.
Finalmente, Mewtwo dio media vuelta.
Y se marchó.
Sin mirar atrás.
Acto 6
Mew permaneció junto a la niña.
Mew no podía percibir el inmenso universo que una vez había habitado en su interior. Al igual que el resto del mundo...
Solo veía una niña que había atravesado un profundo episodio de sufrimiento y necesitaba ayuda.
Mew apoyó suavemente una pata sobre su cabeza.
Una cálida luz brotó de sus pequeños dedos.
Sus poderes psíquicos comenzaron a sanar las heridas invisibles de su mente.
Poco a poco, los pensamientos caóticos fueron apagándose.
La tormenta cesó.
Y María volvió a encontrar la calma.
Sin embargo, Mew comprendía algo que nadie más podía entender.
Sabía que, si algún día la abandonaba, aquella oscuridad podría regresar.
Por eso decidió no separarse nunca más de ella.
Durante los primeros meses, María añoraba aquello que había experimentado durante su brote.
Aquella sensación de unidad absoluta.
Aquella libertad inmensa.
Aquella presencia que creía haber sentido.
Intentó aferrarse una y otra vez a esos recuerdos.
Pero el tiempo siguió avanzando.
Los recuerdos comenzaron a desdibujarse.
Hasta convertirse en fragmentos confusos, casi como un sueño del que solo permanecen algunas imágenes al despertar.
María volvió a ser una niña.
Creció.
Aprendió.
Y, pese a su corta edad, se convirtió en una persona extraordinariamente sabia.
No porque conservara todas las respuestas.
Sino porque había aprendido el valor de vivir sin necesitarlas.
Mew nunca volvió a apartarse de su lado.
Estaba allí para cuidarla.
Para impedir que volviera a perderse en aquella oscuridad.
Y, si algún día Mewtwo regresaba...
Para protegerla de él.
Con el paso de los años, entre ambos nació una amistad tan profunda que ya no necesitaba palabras.
María llegó a creer que todo lo ocurrido en el hospital había sido únicamente un delirio provocado por su enfermedad.
Que Mewtwo jamás había existido.
Pero, algunas noches, al mirar a Mew dormir junto a ella...
Una extraña sensación recorría su corazón.
Como si, en algún rincón olvidado de su memoria...
Aún brillara una pequeña luz que se negaba a apagarse.
Continuara…
No se como me dio por escribir algo así. Puse que es de terror porque la narrativa toca temas serios y filosóficos también. Ah, y las imágenes no son mías, solo los textos 
Acto 1
Mew es una extraña criatura que habita en las profundidades de la selva amazónica. Posee extraordinarios poderes psíquicos: puede devolver la vista a pequeños animales ciegos, revivir flores marchitas e incluso sanar heridas de gravedad.
Un día, Mew fue capturado por humanos. Lo anestesiaron y lo trasladaron hasta Japón, donde desde entonces permanece dormido en un misterioso laboratorio.
A pesar de todo, Mew conserva una naturaleza juguetona, curiosa e increíblemente inteligente. Su dulzura y su encanto terminaron cautivando incluso a los investigadores encargados de mantenerlo cautivo.
Sin embargo, los científicos tenían otros planes.
Extrajeron su ADN para dar vida a una criatura artificial, infinitamente más inteligente... y mucho más despiadada.
La llamaron Mewtwo.
Todavía no ha nacido. Descansa suspendido dentro de un enorme recipiente de cristal, rodeado de cables y un extraño líquido que alimenta su desarrollo.
A diferencia de Mew...
Mewtwo posee una apariencia elegante y refinada. Su piel es pálida, casi inmaculada, y transmite una inquietante sensación de perfección.
Lo que los investigadores jamás imaginaron es que Mewtwo desarrolló enormes poderes psíquicos incluso antes de nacer.
Desde el interior de su cápsula lee en secreto la mente de todos los científicos que trabajan a su alrededor. Gracias a ello ha aprendido sobre el universo, la física cuántica, las leyes fundamentales de la realidad y los secretos que la humanidad apenas comienza a comprender.
Sin embargo, entre todos esos conocimientos, hubo algo que despertó mucho más su interés.
Mew.
A través de un misterioso vínculo mental, Mewtwo experimenta cada emoción que siente Mew: la alegría de contemplar una flor, la fascinación de observar un insecto volar, la inmensa gratitud que siente por la vida y la naturaleza.
Aquella sensibilidad, tan ajena a toda lógica, terminó por conmoverlo.
Ese fue el verdadero motivo por el que Mewtwo decidió nacer.
Quería conocer la vida.
De no haber sido por Mew, jamás habría abandonado su cápsula, y el experimento habría sido considerado un fracaso.
En ocasiones, Mewtwo se comunica telepáticamente con Mew para hablarle del universo, del tiempo, de las dimensiones y de los misterios de la existencia:
—"Somos tan insignificantes en el universo que nuestra existencia apenas roza la inexistencia. Desde la Antigüedad hasta la ciencia moderna, la humanidad ha sospechado que su realidad es solo una frontera. El mito de la caverna. La vida es un sueño. El universo holográfico. Las simulaciones. La matriz...Cuanto más lejos observamos las galaxias y los límites del universo visible, más inevitable se vuelve una pregunta.
¿Y si nuestro universo no fuera el nivel definitivo de la realidad? ¿Y si solo fuera una construcción creada por una inteligencia infinitamente más avanzada que nosotros? Una civilización lo bastante desarrollada podría crear un universo completo a una escala diminuta: establecer sus propias leyes físicas, encender estrellas, formar planetas... e incluso dar origen a seres conscientes incapaces de imaginar quién los creó."
Y Mew lo escucha con una profunda admiración.
Siempre creyó que, con la extraordinaria racionalidad de Mewtwo, habría podido comprender el universo de una forma maravillosa.
Pero ese no es su mundo.
Mew no fue creado para entenderlo.
Lo único que sabe es que esos puntos de lógica... son la única pieza que le falta para alcanzar un verdadero despertar.
No fue destinado para ello.
La naturaleza lo mantendrá siempre encarcelado dentro de su perfecta armonía.
Prisionero de los sentimientos de todo aquello que lo rodea.
Incapaz de dejar de conmoverse ante la belleza del mundo.
Acto 2
Una noche, la cápsula estalló.
El cristal se hizo añicos y el líquido que había alimentado a Mewtwo durante toda su existencia se derramó por el laboratorio. Las alarmas comenzaron a sonar, pero ya era demasiado tarde.
Mewtwo caminó tranquilamente hasta la jaula donde dormía Mew.
Con un simple gesto de su mano, los cerrojos cedieron como si nunca hubieran existido.
Mew despertó lentamente y contempló, por primera vez, a la criatura nacida de su propio ADN.
Mewtwo lo observó con serenidad, y Mew permanecía en silencio.
Mewtwo levantó la vista hacia el techo del laboratorio, como si pudiera contemplar el firmamento a través del hormigón.
—No mires a las estrellas, Mew. No encontrarás respuestas allí. Solo existen realidades construidas sobre otras realidades. Universos contenidos dentro de universos. Capas infinitas. Una encima de otra… Y otra… Y otra.
Mewtwo volvió a mirarlo.
Por primera vez, en su expresión perfecta apareció una emoción difícil de describir.
—Yo no nací para dominar el mundo. Ni para destruir a la humanidad. Nací con un único propósito. Comprender qué significa estar vivo.
Mewtwo se teletransportó a un lugar desconocido y desapareció en un abrir y cerrar de ojos.
Mew aún podía sentir su presencia a kilómetros de distancia.
Sin dudarlo, salió en su búsqueda.
Acto 3
Mewtwo permanecía inmóvil frente a un hospital psiquiátrico.
—He venido en busca de humanos con la mente alterada. Personas que escuchan voces, ven lo que nadie más ve y creen en realidades invisibles para el resto.
Puedo contemplar todo lo que sienten y todo lo que piensan. Conozco el interior de estos seres frágiles que viven al borde de la locura y del sufrimiento como si hubiera nacido dentro de ellos.
Y, sin embargo…
no siento la más mínima empatía.
Mi verdadera misión al venir aquí es encontrar a los Despertares.
A simple vista, son tan inestables, caóticos y vulnerables como cualquier otro ser humano. Pero en su interior existe algo diferente. Algo que hace temblar cada parte de mi cuerpo.
No se trata únicamente de que algunos de estos humanos tengan una sensibilidad abierta a nuevas experiencias y emociones.
Es que, a veces, al abrir tanto la mente hacia las profundidades del dolor y la locura… nace una luz.
Una luz mística.
Una luz capaz de abrir la puerta a experiencias que desafían toda explicación.
Algunos de ellos intentan describirla como una unión absoluta con el universo. Otros hablan de una conexión con la conciencia de toda la vida. Casi todos coinciden en lo mismo: fue más real que cualquier otra cosa que hubieran vivido.
Mewtwo tomó una pausa para cerró los ojos, por lo que siguió:
—Esa luz… nacida en el corazón de la oscuridad…
Es lo que he venido a buscar.
Porque yo no necesito poder.
No necesito conocimiento.
Necesito hablar con la divinidad.
Necesito…
Hablar con Dios.
Mewtwo volvió a abrir los ojos inexpresivos y llenos de odio:
—Los que no hayan despertado esa luz interior son irrelevantes para mí.
Los destruiré. Así que comience la locura.
Acto 4
Horas después, Mew llegó hasta el hospital psiquiátrico.
Lo primero que percibió fue el silencio.
Después, el olor a sangre.
Las paredes estaban cubiertas de manchas oscuras. El suelo era un mar carmesí. Había cuerpos destrozados por todas partes, como si una fuerza imposible hubiera desgarrado a cada una de sus víctimas.
Mew quedó paralizado.
Sus pupilas temblaban.
Su respiración se quebró.
Y entonces...
Rompió a llorar.
Un grito desgarrador escapó de lo más profundo de su alma.
Fue tan intenso que una inmensa onda psíquica recorrió todo el edificio.
Allí donde la sangre había sido derramada, comenzaron a brotar flores.
Las manchas rojas se transformaron en pétalos escarlata.
Las heridas desaparecieron bajo jardines de amapolas y lirios carmesí.
En apenas unos segundos, el escenario de la masacre quedó cubierto por un inmenso manto de flores rojas.
Mew, con lágrimas aún resbalando por su rostro, siguió caminando entre aquel silencioso jardín nacido del horror.
Hasta que lo encontró.
Al fondo de un pasillo.
Mewtwo.
Permanecía suspendido en el aire, inmóvil.
Frente a él, un hombre flotaba varios metros sobre el suelo. Su cuerpo se retorcía de dolor mientras una fuerza invisible deformaba lentamente sus extremidades.
Mew corrió instintivamente para detenerlo.
Pero Mewtwo habló antes.
—Mew...
Su voz era serena.
Casi compasiva.
—Mira a este hombre. Está enfermo. Su mente se desmorona.
Pero también atraviesa un Despertar. Sé que tú no puedes verlo. Sin embargo, en lo más profundo de su existencia... arde una luz sagrada.
Mewtwo extendió lentamente una mano hacia él.
—Ven. Quiero mostrártela.
Usaré mis poderes psíquicos para que ambos podamos entrar en el interior de su conciencia.
Solo allí comprenderás por qué he venido a este lugar.
El hospital comenzó a desvanecerse.
Las paredes, el suelo, el techo... todo se transformó lentamente en humo.
La materia dejó de existir.
Los pasillos se disolvieron en una inmensa niebla de colores que parecía respirar.
Poco a poco, aquella niebla también se deshizo, revelando una nueva escena.
Era una habitación.
En el centro, el mismo hombre permanecía sentado frente a una mesa.
Tenía las manos apoyadas sobre la frente.
Decenas de dibujos cubrían el escritorio y se amontonaban por el suelo.
Sin levantar la mirada, comenzó a hablar.
—Me dibujo en cada hoja de papel...
Como si cada dibujo fuera un espejo diferente.
Cada uno refleja una parte de mi personalidad.
Una parte de quien soy.
Hoja tras hoja...
El lápiz parece moverse solo.
Y con cada trazo siento que algo abandona mi interior.
Es como si cada dibujo me libera de una parte de mi identidad .
Hasta que ya no queda ninguna.
Entonces...
Dejo de reconocerme.
Pierdo la razón.
Una energía cosmica atraviesa mi cuerpo.
Habla con mi voz.
Mueve mis labios.
Pronuncia palabras que jamás aprendí.
Habla de la eternidad.
Del amor.
Del origen de todas las cosas.
Siento que Dios intenta despertar dentro de mí.
Quiere destruir mi ego.
Reducir mi existencia a cero.
Para convertirme en Uno con el universo.
Al principio tengo miedo.
Pero el miedo...
es un límite.
Y el Todo no conoce límites.
Entonces esa presencia comienza a crecer.
Cada vez es más intensa.
Más inmensa.
Más absoluta.
Llega un momento en que dejo de temer a la muerte.
Y, por primera vez...
Me siento completamente libre.
Tan libre...
que deseo más.
Más de esa presencia.
Más de esa inmensidad.
Más...
Y más.
Hasta que el miedo desaparece por completo.
Pero el precio fue insoportable.
Para alcanzar esa libertad tuve que dejar de sentir apego por quienes amaba.
La idea de perderlos dejó de causarme dolor.
Verlos desaparecer para siempre...
ya no significaba nada.
Del mismo modo que tampoco me importaría que el mundo atravesara mi cuerpo con fuego, acero o balas.
El dolor pierde su significado.
Solo...
me haría reír.
Porque me he convertido...
en algo monstruosamente libre.
En un instante, la visión se desvaneció.
Los colores desaparecieron y el hospital volvió a materializarse a su alrededor.
Mew y Mewtwo regresaron a la realidad.
El hombre seguía suspendido en el aire, inmovilizado por los poderes psíquicos de Mewtwo.
Acto 5
Durante unos segundos, nadie pronunció una sola palabra.
El hombre abrió lentamente los ojos.
Miró fijamente a Mewtwo.
No había miedo.
No había rabia.
Ni siquiera tristeza.
Su rostro permanecía completamente inexpresivo.
Entonces, muy despacio...
Inclinó la cabeza hacia un lado.
Como si estuviera observando algo profundamente absurdo.
Y sonrió.
Una sonrisa apenas perceptible.
Después...
Comenzó a reír.
Primero fue una risa suave.
Luego otra más intensa.
Y otra.
Hasta convertirse en una carcajada incontrolable que resonó por todo el edificio.
Reía sin detenerse.
Reía como si acabara de comprender el mayor secreto del universo.
Como si Mewtwo fuera un niño intentando atrapar el infinito con las manos.
Aquella risa...
Era algo tan absurdo y patético para Mewtwo.
Que sintió frustración.
Su mirada se endureció.
Sin pronunciar una palabra, cerró lentamente la mano.
El cuerpo del hombre se comprimió de forma imposible.
Los huesos crujieron.
La carne se plegó sobre sí misma.
Y, un instante después...
Estalló en miles de fragmentos.
La sangre cayó sobre las flores que Mew había hecho brotar minutos antes.
Mew permaneció inmóvil.
Con lágrimas en los ojos.
Mientras el eco de aquella risa...
Parecía seguir resonando entre los pasillos del hospital, incluso después de que el hombre hubiera dejado de existir.
Mewtwo dejó escapar un largo suspiro.
Sin apartar la vista del lugar donde el hombre había muerto, habló con serenidad.
—La mente funciona como un ordenador.
Y, en ocasiones, cuando ciertos mecanismos del cerebro dejan de funcionar como deberían, aparece un error. Un fallo en el sistema. Un glitch. Ese error altera la percepción de la realidad. Algunas personas comienzan entonces a experimentar una profunda sensación de unidad con el universo. O creen sentir a Dios habitando en su interior. La ciencia lo llama trastorno. Ellos lo llaman despertar.
En ese momento...
Una pequeña figura apareció al final del pasillo.
Era una niña.
Asomaba únicamente la cabeza desde la puerta de una habitación.
Permanecía completamente inmóvil.
Tan rígida como el tronco de un árbol.
Su piel era tan pálida como la nieve.
Su rostro no expresaba absolutamente nada.
Mew sintió un escalofrío.
A simple vista parecía vacía.
Y, sin embargo...
Un océano de emociones reposaba en su interior.
Como si bajo aquella inmovilidad habitara un universo entero.
Mewtwo la observo en silencio.
A diferencia de Mew, él veía algo más.
Una luz.
Una presencia luminosa que envolvía lentamente a la niña.
Era otro Despertar.
Mewtwo habló directamente a su mente.
—¿Te llamas María?
La niña respondió sin mover los labios.
Su voz resonó únicamente en la conciencia de ambos.
—Ya no necesito llamarme María.
—¿Por qué?
La niña sonrió apenas un instante.
—Porque ahora sé quién soy.
¿Para qué volver a encerrar mi existencia dentro de un nombre y un apellido?
¿Para identificarme otra vez con alguien que creía estar separado del Todo?
Qué idea tan extraña.
La presencia que algunos llaman Dios fluye libremente en mi interior.
Mi antiguo nombre ya no puede contener aquello que soy.
Guardó silencio.
Después añadió, con una calma absoluta:
—Prefiero morir antes que volver a tomar esas pastillas.
No temo a la muerte. No temo a los monstruos.
La niña sostuvo la mirada de Mewtwo sin el menor atisbo de miedo.
—Así que dime, monstruo...
Si para ti la muerte no significa nada…
¿Por qué no me arrebatas la vida a mí también?
¿Qué ganarías con ello?
Hubo un breve silencio.
Entonces continuó.
—La empatía y el amor son el vínculo que une a todos los seres vivos con la conciencia universal de la vida. Si destruyes aquello que no comprendes… ¿En qué te diferencias de los humanos que tanto desprecias?
Sus ojos permanecían serenos y siguió hablando.
—Solo eres una sombra irrelevante para la vida.
Aquellas palabras atravesaron a Mewtwo como una lanza.
Por primera vez, su expresión perfecta se quebró.
Una inmensa presión psíquica sacudió el hospital.
Las paredes comenzaron a agrietarse.
Las luces parpadearon.
El aire vibró con una fuerza insoportable.
En ese mismo microinstante...
Mew se teletransportó frente a la niña.
Abrió los brazos para cubrirla con su propio cuerpo.
No dijo una sola palabra.
Solo la protegió.
Mewtwo levantó lentamente la mano...
Pero se detuvo.
Cerró los ojos.
Respiró una sola vez.
La presión psíquica desapareció.
Tras unos segundos, Mewtwo habló.
—¿Por qué los humanos más frágiles y miserables son capaces de despertar esa luz?
Permaneció inmóvil.
Como si la pregunta fuera dirigida al propio universo.
—Han nacido débiles.
Viven con miedo.
Enferman.
Envejecen.
Mueren.
Y, aun así...
Algunos consiguen alcanzar algo que permanece fuera de mi alcance.
Apretó el puño.
—Es tan... Frustrante.
Finalmente, Mewtwo dio media vuelta.
Y se marchó.
Sin mirar atrás.
Acto 6
Mew permaneció junto a la niña.
Mew no podía percibir el inmenso universo que una vez había habitado en su interior. Al igual que el resto del mundo...
Solo veía una niña que había atravesado un profundo episodio de sufrimiento y necesitaba ayuda.
Mew apoyó suavemente una pata sobre su cabeza.
Una cálida luz brotó de sus pequeños dedos.
Sus poderes psíquicos comenzaron a sanar las heridas invisibles de su mente.
Poco a poco, los pensamientos caóticos fueron apagándose.
La tormenta cesó.
Y María volvió a encontrar la calma.
Sin embargo, Mew comprendía algo que nadie más podía entender.
Sabía que, si algún día la abandonaba, aquella oscuridad podría regresar.
Por eso decidió no separarse nunca más de ella.
Durante los primeros meses, María añoraba aquello que había experimentado durante su brote.
Aquella sensación de unidad absoluta.
Aquella libertad inmensa.
Aquella presencia que creía haber sentido.
Intentó aferrarse una y otra vez a esos recuerdos.
Pero el tiempo siguió avanzando.
Los recuerdos comenzaron a desdibujarse.
Hasta convertirse en fragmentos confusos, casi como un sueño del que solo permanecen algunas imágenes al despertar.
María volvió a ser una niña.
Creció.
Aprendió.
Y, pese a su corta edad, se convirtió en una persona extraordinariamente sabia.
No porque conservara todas las respuestas.
Sino porque había aprendido el valor de vivir sin necesitarlas.
Mew nunca volvió a apartarse de su lado.
Estaba allí para cuidarla.
Para impedir que volviera a perderse en aquella oscuridad.
Y, si algún día Mewtwo regresaba...
Para protegerla de él.
Con el paso de los años, entre ambos nació una amistad tan profunda que ya no necesitaba palabras.
María llegó a creer que todo lo ocurrido en el hospital había sido únicamente un delirio provocado por su enfermedad.
Que Mewtwo jamás había existido.
Pero, algunas noches, al mirar a Mew dormir junto a ella...
Una extraña sensación recorría su corazón.
Como si, en algún rincón olvidado de su memoria...
Aún brillara una pequeña luz que se negaba a apagarse.
Continuara…
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